*Una conversación con la *Dra. Bertha Delgadillo
Si has sido profe de lenguas por un tiempo, quizás conoces muy bien esta situación: la mayoría de tus estudiantes está comenzando a aprender el idioma, pero en el mismo salón tienes uno, dos o varios estudiantes que hablan español en casa, que lo entienden o que tienen una conexión familiar con el idioma.
Quieres reconocer todo lo que cada estudiante trae y ayudarle a seguir creciendo, pero no tienes una clase para estudiantes de herencia, un currículo diferente ni tiempo para planear dos clases al mismo tiempo.
Entonces, ¿qué hacemos?
¿Les damos un trabajo diferente? ¿Les pedimos que ayuden a los principiantes? ¿Seguimos con la lección y esperamos que encuentren algo que les sirva? ¿Cómo les ofrecemos oportunidades para avanzar sin crear un programa completamente nuevo?
Estas fueron algunas de las preguntas que llevé a mi conversación con la Dra. Bertha Delgadillo en Growing With Proficiency – The Podcast.
Bertha acaba de completar una investigación doctoral centrada en las experiencias de estudiantes hispanohablantes y, especialmente, en las voces de sus familias: voces que no siempre forman parte de las conversaciones sobre lo que debe ocurrir en una clase de español.
Cuando queremos ayudar, pero no sabemos por dónde empezar
Esta es la realidad de muchos profes.
Con clases de 30, 35 o hasta 40 estudiantes, diferentes niveles de competencia y, en muchos casos, sin un currículo claro, pensar en cómo apoyar a un estudiante de herencia puede sentirse abrumador.
¿Cómo sé qué necesita?
¿Cómo le ayudo sin crearle un currículo completamente diferente?
¿Cómo manejo la logística mientras enseño al resto de la clase?
¿Qué le asigno?
¿Cómo lo califico?
¿Y qué hago si ya tengo un currículo que debo seguir?
Son tantas preguntas que podemos terminar paralizados. Queremos apoyar, pero sentimos que no tenemos el tiempo, los recursos o la preparación necesarios. Y, al final, terminamos haciendo… nada.
Por eso esta conversación con Bertha fue diferente para mí.
En lugar de mirar cada necesidad como otro problema que debo solucionar o como otra lección que tengo que planear, empecé a ver espacios en los que puedo crecer.
Y cada uno de esos espacios se convirtió en un action item: una acción concreta que he podido incorporar en mi clase sin crear un currículo nuevo y, hasta ahora, sin planear una lección adicional. ¡Nada mal! 😅
En este blog quiero compartir contigo cuatro de esos espacios:
- Conocer la verdadera experiencia lingüística de cada estudiante.
- Crear un puente con las familias.
- Descubrir qué quiere hacer cada estudiante con su español.
- Fomentar el orgullo por su identidad, sin exigir un nivel mínimo de competencia.
No son soluciones perfectas ni un programa completo para estudiantes de herencia. Son pequeños pasos que podemos comenzar a dar este año para ofrecerles un apoyo más intencional y holístico.
1. Conocer la verdadera experiencia lingüística del estudiante
Lo que aprendí de Bertha
Bertha nos recordó algo fundamental: no todos los estudiantes de herencia tienen la misma relación con el español.
Un apellido hispano no nos dice lo que un estudiante puede hacer con el idioma. Tampoco podemos determinarlo simplemente porque lo escuchemos conversar con alguien en español.
Por ejemplo:
- Un estudiante puede entender casi todo lo que escucha en casa, pero responder siempre en inglés.
- Otro puede hablar español con mucha confianza, pero tener poca experiencia leyendo o escribiendo.
- Otro puede comunicarse oralmente y también leer y escribir con seguridad.
- Otro puede tener padres o abuelos hispanohablantes, pero entender muy poco español.
- Incluso puede haber estudiantes que no se identifiquen como hispanohablantes, aunque tengan una conexión familiar o cultural con el idioma.
Bertha enfatizó que no podemos ver a todos estos estudiantes como un grupo homogéneo. Cada uno llega con experiencias, fortalezas, inseguridades y oportunidades de crecimiento diferentes.
Y claro, cuando ella lo dijo, pensé: eso es exactamente lo que tratamos de no hacer con el resto de nuestros estudiantes.
No asumimos que todos nuestros estudiantes de Español 1 saben lo mismo. Entonces, tampoco podemos asumir que todos los estudiantes con una conexión familiar con el español tienen la misma competencia o necesitan el mismo apoyo.
La acción que yo tomé: hacer una mejor pregunta
Después de mis conversaciones con Bertha, cambié una parte de mi encuesta de principio de año.
Antes preguntaba si mis estudiantes tenían experiencia previa con el español. Pero esa pregunta no me daba suficiente información. Ahora les pregunto: ¿Cuál es tu experiencia con el español?
Les doy varias opciones:
- Lo he estudiado anteriormente en la escuela.
- Lo escucho en casa y lo entiendo, pero no lo hablo ni lo escribo.
- Lo entiendo y lo hablo, pero no tengo mucha experiencia escribiéndolo.
- Mi familia habla español, pero yo no lo entiendo mucho.
- Tengo confianza escuchando, leyendo, hablando y escribiendo en español.
- Mi experiencia es diferente y quiero explicarla.
También les dejo un espacio para contarme algo que quisieran que yo supiera.
Una de las respuestas me dejó con el corazón apachurrado. Un estudiante me explicó que sentía vergüenza porque las personas veían su nombre y apellido y asumían que hablaba español. Sus abuelos lo hablaban, pero él no lo entendía ni podía comunicarse en español.
Imagínate que yo, tratando de hacerlo sentir bienvenido, hubiera comenzado a hablarle en español delante de toda la clase. Mi intención habría sido buena, pero para él la experiencia habría sido completamente diferente.
Esta pregunta ahora me ayuda a reconocer:
- quién necesita la misma instrucción que el resto de la clase;
- quién puede comprender mucho, pero necesita apoyo con la lectura o la escritura;
- quién podría sentirse aburrido porque ya conoce gran parte del contenido;
- quién tiene una conexión familiar con el idioma, pero no se siente competente;
- y quién tiene interés en seguir desarrollando su español.
No tuve que crear otra lección. Solo tuve que hacer una mejor pregunta y escuchar la respuesta.
2. Crear un puente real con las familias
Lo que aprendí de Bertha
La investigación de Bertha pone en el centro las voces de las familias.
Su estudio reunió a ocho padres y madres: cuatro de una comunidad rural y cuatro de una comunidad urbana en Georgia. Ella es muy cuidadosa al explicar que estas ocho voces no representan a todas las familias ni a todas las escuelas.
Sin embargo, sus experiencias nos permiten observar algo que frecuentemente queda fuera de nuestras conversaciones sobre los cursos de español: el trabajo que las familias ya están haciendo para mantener el idioma y la cultura.
Bertha describe este trabajo como una labor que muchas veces permanece invisible.
Las familias de su estudio leían cuentos o textos bíblicos con sus hijos, jugaban lotería, cantaban karaoke, mantenían el contacto con familiares hispanohablantes y animaban a sus hijos cuando otras personas les hacían sentir que su español no era suficiente.
Ese trabajo no siempre se parece a la participación familiar que la escuela sabe reconocer o medir.
Tal vez una madre no puede asistir a las reuniones escolares. Quizás un padre no se siente cómodo entrando a una escuela donde nadie habla su idioma. Pero eso no significa que no estén profundamente involucrados en la educación, el desarrollo lingüístico y la identidad de sus hijos.
Uno de los hallazgos más importantes de la investigación de Bertha fue que ninguno de los ocho participantes había sido contactado por el profesor o la profesora de español para aportar ideas o participar en la clase de sus hijos.
Ninguno.
Sin embargo, cuando Bertha les preguntó si estarían dispuestos a compartir algo con la clase si fueran invitados, todos respondieron que sí.
Una de las madres incluso se preguntaba cómo era posible que la única persona de la escuela que probablemente hablaba su idioma —la profesora de español— nunca hubiera iniciado una conversación con ella.
Como profes de español, tenemos una oportunidad muy especial de crear ese puente.
La acción que yo tomé: abrir la puerta
En mi encuesta de principio de año, añadí otra pregunta:
¿Hay alguien en tu casa, familia o comunidad que estaría dispuesto a compartir algo con nuestra clase?
Podría ser alguien interesado en:
- leer un libro o un cuento;
- compartir una canción;
- enseñarnos un juego;
- mostrarnos una manualidad;
- hablar sobre una tradición familiar;
- enseñarnos una receta;
- participar como nuestro Estudiante Estrella del día;
- o simplemente conversar con los estudiantes.
Todos mis estudiantes de herencia respondieron sí o quizás.
Eso no significa que ahora tendré veinte visitas familiares ni que debo organizar un gran evento cultural. Significa que ahora sé que existe una posibilidad que antes ni siquiera había explorado.
Mi próximo paso este mes será enviar un correo a las familias. Y no solamente a las familias de los estudiantes de herencia. Quiero escribirles a todas las familias y ofrecerles diferentes maneras de participar.
Esto es importante porque no quiero colocar a un estudiante o a su familia en la posición de representar a toda una cultura. Quiero crear una clase en la que las experiencias y los conocimientos de muchas familias puedan formar parte de lo que aprendemos.
Si alguien no puede venir físicamente, quizás puede participar por videollamada, enviar un video corto, recomendar un libro o compartir algunas fotografías.
Bertha también nos recordó que la invitación es solamente el primer paso. Si una familia llega a la escuela, debemos pensar en toda la experiencia:
- ¿Sabe dónde entrar?
- ¿El personal de la oficina sabe quién es?
- ¿Habrá alguien que pueda recibirla?
- ¿Se sentirá bienvenida desde el momento en que llegue?
Quizás necesitemos coordinar con la oficina o bajar personalmente a buscarla. Porque la bienvenida no comienza cuando entra al salón. Comienza cuando cruza la puerta de la escuela.
3. Descubrir qué quiere hacer el estudiante con su español
Lo que aprendí de Bertha
Las familias que participaron en el estudio de Bertha querían que sus hijos aprendieran más en sus clases de español.
Algunas sentían que sus hijos llegaban a la escuela con todo un idioma, pero tenían que empezar desde cero una y otra vez.
Una madre se preguntaba por qué los estudiantes que ya conocían las frases básicas debían permanecer en clases básicas y lentas, en lugar de recibir oportunidades para seguir avanzando.
Es una observación difícil de escuchar, especialmente cuando nosotros también conocemos la realidad de nuestras aulas.
Bertha ha sido maestra. Ella sabe lo que significa enseñar a 35 o 40 estudiantes, trabajar con diferentes niveles y tratar de responder a múltiples necesidades al mismo tiempo.
Esta conversación no es una acusación contra los profes. Tampoco es una invitación a crear un currículo individual para cada estudiante.
Es una invitación a preguntarnos:
Dentro de lo que ya hago, ¿dónde puedo abrir una oportunidad para que este estudiante también crezca?
También necesitamos ser realistas. Aunque tengamos recursos adicionales, no todos los estudiantes quieren recibir trabajo extra o hacer algo completamente diferente a sus compañeros.
Y ofrecerles más hojas, más lecturas o más tareas solamente porque ya hablan español no necesariamente es apoyo. Puede sentirse como un castigo.
Antes de decidir qué ofrecer, necesitamos conocer su interés.
La acción que yo tomé: preguntar qué quiere aprender
Por eso les hice otra pregunta a mis estudiantes:
¿Qué te gustaría poder hacer mejor con tu español?
Algunas posibles respuestas pueden ser:
- hablar con familiares;
- escribir con más confianza;
- leer libros en español;
- aprender vocabulario académico;
- conocer mejor su cultura;
- usar el español en una futura profesión;
- o simplemente sentirse más cómodo hablando.
Bertha compartió el ejemplo de una estudiante que quería poder conversar por teléfono con su abuelita. Para otros jóvenes, la meta puede ser desarrollar el español académico que necesitarán en la universidad o en una profesión.
Conocer esa meta cambia la conversación.
Ahora no estamos buscando cómo darles “más trabajo”. Estamos buscando oportunidades dentro de la clase que tengan sentido para ellos.
En mi clase ya existen momentos que puedo aprovechar:
- Durante la lectura independiente, un estudiante puede elegir un libro que responda mejor a su nivel o a sus intereses.
- En un quick write, puede escribir más, explorar otro tiempo verbal o desarrollar una idea con mayor profundidad.
- Durante Estudiante Estrella, puede asumir un papel más activo o preparar preguntas más complejas.
- En un proyecto, puede investigar un tema relacionado con su identidad, familia, comunidad o futura profesión.
- Cuando leemos Panorama Cultural, puede explorar otro texto, una fuente auténtica o una pregunta que le interese.
- Puede escuchar un audiolibro o acceder a los recursos digitales de la biblioteca.
- Puede escribir para una audiencia real o crear algo que beneficie a su comunidad.
No necesito tener todas estas opciones disponibles mañana. Tampoco necesito crear una experiencia diferente cada día.
Primero necesito saber quién está interesado, qué quiere desarrollar y en qué momentos de mi clase puedo ofrecerle una oportunidad significativa.
4. Fomentar el orgullo sin exigir un nivel de español
Lo que aprendí de Bertha
La palabra vergüenza apareció varias veces durante nuestra conversación.
Algunos jóvenes han escuchado burlas de familiares o amigos por la forma en que hablan. Otros han recibido correcciones constantes porque su español no se considera suficientemente “correcto”. En las redes sociales también encuentran etiquetas como “no sabo kid”, que pueden convertir su relación con el idioma en motivo de burla.
Poco a poco, pueden comenzar a sentir que ese idioma que llevan dentro no les pertenece completamente.
Pueden sentirse demasiado hispanos para algunos espacios, pero no “lo suficientemente hispanos” para otros. Pueden sentir que su español siempre está siendo evaluado.
Por eso Bertha enfatiza la importancia de cultivar el orgullo por su herencia y por su idioma.
Y este punto es esencial: un estudiante no necesita demostrar un nivel mínimo de competencia para que nosotros reconozcamos y celebremos su identidad.
No tiene que hablar español con fluidez.
No tiene que escribir perfectamente.
No tiene que conocer todas las tradiciones de la cultura de su familia.
No tiene que probar nada para pertenecer.
Podemos celebrar el español que trae y, al mismo tiempo, acompañarlo para que continúe creciendo. Esas dos cosas pueden existir juntas.
La acción que estoy tomando: revisar mis interacciones diarias
Esta no es una lección que voy a enseñar un martes específico. Es algo que debo considerar todos los días.
Está presente en:
- cómo reacciono cuando un estudiante usa una variedad diferente del español;
- cómo corrijo un error;
- qué comentarios hago sobre su pronunciación;
- qué culturas aparecen en mis materiales;
- quién tiene el conocimiento dentro de mi salón;
- y cómo respondo cuando un estudiante dice: “Yo no hablo bien español”.
En lugar de enfocarme primero en lo que le falta, puedo reconocer lo que ya trae:
“Tienes una conexión muy valiosa con el idioma.”
“Entiendes muchísimo. Ahora vamos a ayudarte a sentir más confianza al hablar.”
“Esa es una palabra que usa tu familia. ¿Nos quieres contar más?”
“Tu español no tiene que ser perfecto para ser parte de ti.”
Cultivar el orgullo no significa dejar de apoyar el desarrollo lingüístico. Significa que el crecimiento no tiene que comenzar desde la vergüenza.
De hecho, como explicó Bertha, ese orgullo puede convertirse en la motivación que impulse al estudiante a seguir aprendiendo, leyendo, escribiendo y conectándose con su comunidad.
No tenemos que hacerlo todo para comenzar a hacer algo
Después de esta conversación, no salí pensando que necesitaba comprar cinco recursos, escribir otro currículo o planear una clase completamente diferente.
Salí pensando que necesitaba ser un poquito más intencional con:
- las preguntas que hago;
- las respuestas que escucho;
- las oportunidades que ofrezco;
- las familias que invito;
- y los mensajes que comunico sobre el idioma y la identidad.
Mi meta sigue siendo ofrecer un apoyo más holístico a mis estudiantes. Pero también sé que no puedo hacerlo todo al mismo tiempo.
Por eso, este año comencé con estas cuatro acciones:
- Preguntar cuál es la verdadera experiencia de cada estudiante con el español.
- Preguntar si alguien de su familia o comunidad estaría dispuesto a compartir con la clase.
- Descubrir qué le interesa aprender y qué quiere poder hacer con el idioma.
- Cultivar el orgullo por su identidad, independientemente de su nivel de competencia.
Son preguntas pequeñas, pero me están dando información que antes no tenía.
Ahora sé quién necesita la misma instrucción que el resto de la clase. Sé quién podría necesitar otro nivel de desafío. Sé quién tiene interés en desarrollar su español y para qué quiere hacerlo. También sé qué familias podrían querer formar parte de nuestra comunidad del salón.
Todavía no tengo todas las respuestas. Pero ya no estoy haciendo nada porque siento que no puedo hacerlo todo.
Estoy dando el siguiente paso.
De aquí y de allá y servicio comunitario
Al final del episodio hablamos de una frase que muchos de nuestros estudiantes escuchan: “ni de aquí ni de allá”.
Bertha nos invitó a cambiarla por una frase que abre una posibilidad completamente diferente:
De aquí y de allá.
De aquí y de allá, con una identidad que no necesita escoger un solo lado.
De aquí y de allá, con un español que puede seguir creciendo sin negar el que ya existe.
De aquí y de allá, con familias que tienen conocimientos, experiencias, historias y muchísimo que aportar.
Quizás nuestra clase de español puede convertirse en uno de los espacios donde estos estudiantes se sientan vistos, escuchados y orgullosos de todo lo que llevan consigo.
Pero pertenecer no es solamente algo que les decimos ni un sentimiento que tratamos de fomentar dentro del salón. La pertenencia también se vive cuando el estudiante tiene oportunidades reales de participar, contribuir y servir a su comunidad.
Como mencionó Bertha en varias ocasiones, las familias quieren que sus hijos e hijas no solo se sientan parte de una comunidad, sino que experimenten lo que significa vivir en comunidad. Por eso, para muchas de ellas, el servicio comunitario ocupa un lugar tan importante.
Desde nuestras clases podemos abrir oportunidades para que los estudiantes usen el español con un propósito real: conectarse con otras personas, escuchar sus historias, colaborar con organizaciones, crear recursos útiles o responder a una necesidad de su escuela o comunidad.
Cuando un estudiante usa su español para servir y contribuir, el idioma deja de ser solamente algo que estudia o algo que debe demostrar que domina. Se convierte en una forma de participar, de crear vínculos y de reconocer que tiene algo valioso que aportar.
Quizás así podemos ayudarle a descubrir que verdaderamente pertenece: no “ni de aquí ni de allá”, sino de aquí y de allá.
Gracias, Bertha, por confiarme esta conversación y, sobre todo, por amplificar las voces de las familias que participaron en tu investigación.
Escucha el episodio completo con la Dra. Bertha Delgadillo en Growing With Proficiency – The Podcast.
Y mientras escuchas, piensa en esto:
¿Cuál de estas cuatro acciones podrías incorporar esta semana sin tener que planear una lección adicional?